MANTRAS: SONIDOS ESPECIALES x Gabriela Binello
miércoles, 28 de abril de 2010
Afortunadamente, mi primer contacto con un mantra fue a través de la práctica. Ese primer contacto me brindó la posibilidad de experimentar el “carácter especial” del sonido del mantra. Creo que si no hubiera sido así, seguramente habría cuestionado ciertas definiciones teóricas que aprendí más tarde.
La primera de ellas: los mantras son sonidos especiales. El carácter especial de los mantras reside en que sus sonidos hablan la verdad de las cosas. Dicen las cosas. Son absolutos y sagrados.
Quienes los cantaron por primera vez fueron sabios que podían acceder a una verdad más allá de las convenciones del lenguaje; esto es, comprender las cosas tal cual son.
Imaginemos a seres en armonía con su entorno y su naturaleza. Desde una condición integrada con su existencia, los sabios (rsis) de la Antigüedad podían percibir cierta información de orden de la realidad. Las fórmulas de armonía de nuestro universo. Si esto fue así, es comprensible que la comunicación, a lo largo de los siglos, se haya apegado a la oralidad y al vínculo directo con el maestro.
Más allá de esta fundación original, T.K.V Desikachar sostiene que el vínculo estrecho entre el maestro y el alumno es uno de los aspectos más importantes en la efectividad de las prácticas con mantras:
“… I would say that the most important aspect is the symbolic way in which it (the mantra) represents this link, the deep relationship between the two (teacher-student). That is why it can contribute to the student´s evolution. When he repeats it, aloud or mentally, it reminds him of the association with the teacher even though they may be apart. The sound itself will slowly lead him to the essence of the meaning…” (Desikachar, 2003, pp.73)
Así es como estos sonidos especiales fueron enseñándose de maestro a alumno a través de las generaciones. Los registros escritos en los Vedas son más modernos que el origen de este conocimiento sonoro (que se remonta a más de cinco mil años). Pero en todos los casos, la historia cuenta que su transmisión (oral y escrita) fue extremadamente estricta para preservar la pureza del idioma sánscrito.
Según las fuentes más antiguas de las civilizaciones que conocemos (desde los Vedas hasta el Antiguo Testamento), lo “primero” en la Creación fue la vibración sonora. Según la filosofía Samkhya , la naturaleza se compone de pequeñísimas y sutiles partículas llamadas tanmatras. Los sabda tanmatras son las partículas pequeñas y sutiles que corresponden a unidades de sonido.
Desde esta perspectiva, nuestro sistema (cuerpo- mente-espíritu) es una unidad de expresión de esa naturaleza y, en si mismo, encierra los elementos, las cualidades, las energías, las combinaciones (desde la más grosera hasta la más sutil) que forman parte del universo que conocemos.
Entonces, si toda la naturaleza es –en su esencia más sutil- composición de vibraciones o partículas sonoras, en la medida que me “expongo” a cierta combinación de vibraciones sonoras, mi propia “naturaleza” va a afectarse . Los mantras, que como dijimos son “sonidos especiales”, encierran la posibilidad de generar un cambio en nuestra naturaleza .
T.K.V. Desikachar dice que los efectos del canto son, entre otros: abrir el corazón, calmar y aquietar la mente, activar ciertas características de las personas que no se activan por otro medio (abre lugares que no abren otras herramientas), elevar y purificar a las personas (contrarrestando efectos negativas de malas comunicaciones o expresiones), para que sean más receptivas, sanas y felices (T. K. V. Desikachar 2003, pp. 84).
Gabriella Binello – Profesora Certificada por el KHYF INDIA.


